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LA MEMORIA DE LA RESISTENCIA, la estigmatización y el estado de sitio permanente en el territorio Mapuche.

Texto: Martín Correa (Historiador)

Fotografia: Fernando Lavoz

Hace ya un tiempo se escucha hablar y se publica en los medios de prensa llamativos titulares que hacen referencia a la “zona Roja” del conflicto mapuche, estigmatizando a las familias y comunidades mapuche que habitan desde antaño en las actuales comunas de Collipulli, Ercilla y Victoria, aunque sin temor a equivocarnos podríamos también hablar de Arauco, Lleu Lleu, Antiquina, en el territorio lafkenche, o de Lanco, Malalhue, Forrahue, en el territorio huilliche.
No es nada nuevo, sin embargo, y si hoy se califica al mapuche como terrorista, como violentista, como ladrón de madera, a mediados de siglo XX se habló del mapuche flojo y borracho, y a fines del siglo XIX del indio bárbaro e incivilizado. En todos y cada uno de los momentos históricos señalados, sin embargo, la estigmatización del mapuche lleva consigo un mismo objetivo: legitimar la militarización del territorio para llevar a cabo diferentes ‘proyectos país’.

Newen, arriba de un tractor observa el territorio que su comunidad ha recuperado.

En los inicios el plan del Estado chileno era ocupar militarmente y hacerse del territorio autónomo mapuche, que se extendía entre el rio Bio y el Tolten, reducir sus espacios territoriales (de ahí el nombre de reducciones a los espacios donde sobreviven y resisten las familias mapuche), declarar fiscal, baldío y sobrante el gran territorio y adjudicarlo en remate a colonos y particulares, ya que “La dignidad del país ofendida por los salvajes, la necesidad de ensanchar los territorios, la inmigración, las industrias que deben explotarse allí, todo eso pide la reducción de Arauco”, declamaba el Diario El Correo del Sur, el 4 de octubre de 1854.

Retén de Fuerzas Especiales de Carabineros de Pidima.

Luego, una vez declarada la ‘necesidad’ de desarrollo del país, se instalaba el terror: “LOS BARBAROS DE ARAUCO: Han vuelto otra vez los indios a comenzar sus depredaciones en los pueblos de la frontera. La provincia de Arauco es nuevamente amenazada por estos bárbaros y la inquietud y la alarma se han extendido en las poblaciones del sur. Ya es llegado el momento de emprender seriamente la campaña contra esa raza soberbia y sanguinaria, cuya sola presencia en esas campiñas es una amenaza palpitante, una angustia para las ricas provincias del sur”, editorializa El Mercurio del 1 de noviembre de 1860. Se construye el ‘enemigo interno’, para dominarlo y hacerse de sus dominios, en beneficio de valores “universales y compartidos”, representados por el Estado y la oligarquía criolla.
Ocupada militarmente la Araucanía, y reducido el mapuche a un 5% de su ocupación real, en el año 1883 el presidente Domingo Santa María pronunciaba eufórico ante el  Congreso Pleno unas palabras que se podrían escuchar hoy mismo y en el mismo lugar: “En estos momentos se levantan poblaciones importantes, destinadas a ser centros mercantiles e industriales de mucha consideración, en medio de selvas vírgenes y campiñas desconocidas, que eran hasta ayer, el santuario impenetrable de la altivez e independencia Araucana”.

Policía dispara durante un allanamiento.

Miembros del Gope frente a los tribunales de Collipulli durante una formalización después de un allanamiento.

150 años después la situación no tiene grandes diferencias: si entonces en el nombre del desarrollo se inundó el territorio mapuche con plantaciones de trigo, hoy lo es con pinos y eucaliptus, o con proyectos hidroeléctricos; si a partir de 1870 los propietarios del territorio mapuche eran la oligarquía regional y los colonos, hoy lo son los consorcios forestales; si las memorias del Ministerio de Guerra hacen referencia a los Llanos de Quilapán como “el asiento y la guarida de los facinerosos” hoy la referencia es a la “Zona Roja del conflicto mapuche”; si en 1867 se levantaba al sur del río Malleco el fuerte Chiguaihue, desde donde salían las avanzadas militares a atacar los Lof mapuche, hoy está enquistado el Retén de Fuerzas Especiales de Carabineros de Pidima y la presencia permanente de funcionarios del GOPE en el ex Liceo de Pailahueque, a hacer lo mismo.
Tampoco es nueva la estigmatización que hace del mapuche el Diario Austral, a nivel local, y el Mercurio y La Tercera, a nivel nacional, ya lo hicieron legitimando la ocupación militar de la Araucanía (la mal llamada Pacificación) y crearon las condiciones para el Golpe de Estado y la represión en el territorio mapuche en 1973.

Restos de eucaliptus que las empresas forestales han plantado para su explotación. Las comunidades junto con recuperar el territorio buscan además devolverle la vida a la tierra para poder cultivarla.

Restos de casquillos de perdigones y de lacrimógenas despues de un allanamiento a una comunidad mapuche.

Nada de original tiene tampoco la idea de declarar Estado de Sitio en el territorio mapuche, como lo solicitan las voces que defienden el latifundio y la expansión forestal: ya lo hicieron con éxito en los años de la Reforma Agraria, con éxito, logrando que ante la recuperación de los fundos Chiguaihue, Alaska y Pidenco el gobierno decrete el departamento de Collipulli como ‘Zona de Emergencia’, en el mes de Julio de 1970, quedando el territorio a cargo del Regimiento Húsares de Angol. El que hoy se declare Estado de Sitio y se militarice el territorio es hacer pública una situación que existe en la práctica, y con la que conviven las familias mapuche diariamente.
Pero lo anterior no significa acostumbrarse.

Mujer mapuche y policia de Fuerzas Especiales afuera del Tribunal de Collipulli.

La indignación y la discriminación se respiran en cada violento allanamiento a las familias mapuche, en la persecución y encarcelamiento de los dirigentes, en la revisión de los autos y personas que salen y entran a las comunidades (incluidos los buses de transporte escolar) que hacen cotidianamente personal del GOPE fuertemente armado, en la presencia del Ministro de Interior celebrando el año nuevo con las fuerzas de ocupación en Pidima.
Indigna también que Luis Chamorro, quien fuera hasta mediados de 2014 Fiscal de Collipulli y que fuera conocido como el “fiscal antimapuche” por la gran cantidad de procesos que sometió a dirigentes mapuche y por su presencia en los allanamientos a diversas comunidades, a partir de diciembre del mismo año se transforme en “lobbista y gestor de interés particular” de Bosques Arauco.
Indigna que a partir de la semana recién pasada se instalen cámaras de vigilancia en todas las esquinas de la pequeña ciudad de Ercilla, sometiendo a sus habitantes y a quienes van o llegan desde el campo a una vigilancia permanente, convirtiéndola en una cárcel virtual.

Niño mapuche observa a un gendarme al interior del tribunal mientras se formaliza a miembros de su comunidad.

Miembros de comunidades mapuche avanzan por los campos para defender su territorio luego de una incursión policial.

Indigna y duele recordar a los caídos en la ocupación militar de la Araucanía, a familias enteras que desaparecieron en aquel proceso; indigna y duele recordar a Carlos Collío, el primer muerto mapuche en la proceso de Reforma Agraria, asesinado por Ignacio Silva Correa, propietario del fundo Chiguaihue; indigna y duele como también allí fueron asesinados Alex Lemún y Jaime Mendoza Collío, y como sus asesinatos, realizados por la espalda por los carabineros Marco Aurelio Truer y Patricio Jara Muñoz, gocen de la más absoluta impunidad.
Todos los momentos relatados tienen una total vigencia en la memoria mapuche, lo que ocurrió hace 150 años alienta y explica lo que sucede hoy, es recién ayer en un pueblo que transmite su historia oralmente y de generación en generación: “lo que le pasó a nuestro abuelo le pasó también a su abuelo”, se relata de noche en la ruka, a la luz del fogón y compartiendo el mate.

Mapuche danza el tradicional "Choike Purrun".

Cruz de madera que marca el lugar donde fuera asesinado el joven mapuche Jaime Mendoza Collío.

Wünelfe.